En estos días

Los días que transcurren nos dan señales del gran absurdo en que vivimos, la dictadura del absurdo nos somete y nos conduce por sus absurdos caminos, en esta mundo en que el bueno es malo y viceversa, el mundo al revés –diría Galeano- en que se libera al asesino y se encarcela al humanista, en que se admira al déspota y se desprecia al noble. Estos tiempos de que se habla, llevan y traen los desvaríos de esta humanidad que a pesar de tanto golpe,  tanto dolor y tanta sangre, no acaba de escarmentar y vuelve a dar paso a sus verdugos, a sus cautores, a sus canallas. Han liberado a Pinochet por razones humanitarias y preparan su bienvenida con un congreso internacional nazi (Chile, abril del 2000), en Austria la extrema derecha llega al poder (Heil Haider), en España el racismo explota contra los inmigrantes magrebíes y ¡oh! Sorpresa éstos son arrestados por provocar su propia paliza; también acá se cuecen habas, los estudiantes que han reclamado su derecho a la educación y se han negado a someterse a los caprichos del capital, son apresados y acusados de terroristas (y tal vez si lo sean, es motivo de terror para los poderosos ver dudar de sus doctrinas y disentir de sus designios), y aquí, esta ciudad tan recatada, nos vuelve a dar en la jeta con su recato, celebrando un congreso neo-nazi en agosto del año pasado, y los patrones (Coparmex) se lanzan contra los defensores de los derechos humanos, invitando a ilustres fascistas a su convite; esto es solo una enana muestra que nos da este tiempo, muestra de lo que no debiera volver a suceder ¡jamás!, pero sucede, de quienes nunca debieron ser, pero son.

 

Pero a pesar de todo y de todos (o casi todos), están los necios, los que no se resignan a la muerte, al espanto, ni al vacío, esos necios que siguen bregando por devolver lo humano a la humanidad y su espacio a la libertad. Y la esperanza respira en un rincón, en mil rincones; respira en el rincón de una prisión, en Chiapas, en Brasil, en Bolivia, en Honduras, en Seattle, en un puño levantado, en una garganta gritando, en un corazón afligido, en una guitarra tocando o en un compañero caído. Y en los mil rincones resurge la vida, la posibilidad y la dignidad perdida, nuevas formas de organización dicen algunos, pero nosotros sabemos que no es así, que es el redescubrimiento de algo añejo, de algo grande, algo, por lo que siempre hemos luchado y caído los libertarios. Salud.

 

Eduardo Lemus

 

 

Publicado en la Revista MARGEN No. 9, Febrero-Abril de 2000.

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Published in: on octubre 23, 2009 at 9:26 pm  Comentarios desactivados en En estos días  
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