La marcha

Serendipitia – Diana Martin

Avanzo mirando al suelo, la cinta de asfalto es como unabanda sin fin, el adormecedor golpeteo de los pasos multiplicados haciendotorrente, me acoge, me arropa, acompasado murmullo en cuyo arrullo elpensamiento se pierde dentro, en el corazón.

Ahora ya no recuerdo cual fue la primera vez, he caminado yatanto, por tantas razones, y se ha avanzado tan poco que casi no se nota, peroheme aquí, aun caminando, y el horizonte aun sigue lejos.
Ya han pasado los días de euforia, los tiempos del coraje nocontenido, de la rabia en los puños, el poder en la garganta, los días en queel tiempo aun era eterno y todo era para nosotros, tiempos en que el futuroestaba a unos pasos, en la siguiente parada, ahora ya no, no se logravislumbrar.
Pero hoy, hoy prefiero marchar callado, sin ser percibido deser posible, sin ser mirado, las voces, los pasos, las consignas, parecenletanía de un ritual largamente desgastado, desvalorizado, que de tanto decir,ya no dice nada, y esa es una causa, entre tantas otras, por las que hoy,prefiero mirar adentro.
Husmeando mis propias ideas, que como estelas de humo,huidizas, naufragan en mi cabeza, me pierdo, me voy sin alejarme hacia otrosterritorios, los del alma, y es que, la indignación y la voluntad de resistirestán intactas, pero, ¿A dónde hemos llegado? ¿Qué hemos conseguido? ¿Cuántotiempo habrá que continuar? ¿A dónde llevara tanto caminar? Lo ignoro, sé adonde quisiera llegar, pero no más, con el corazón en un puño y los ideales enel horizonte, viendo hacia un sol crepuscular que se retira a dormir después decada jornada y con sonrisa burlona nos pareciera decir, acá los espero, nodemoren tanto en llegar.
Pero el paso cansa y avanzamos cada vez con mayor lentitud, ydurante el largo trayecto algunos eslabones de aquella cadena incorruptible, alpaso del tiempo, demostraron no ser del mismo material, hay mucho eslabónpodrido, que han sido alimento de la herrumbre, que de tantas pulidas parabrillar por sobre los demás, ahora no muestran más que la desgracia de sucondición frágil y vergonzante.
¿Qué ha pasado a nuestros rostros? antaño soñadores y decididos,y hoy, ajados y endurecidos, pasamontañas de harapos convertidos en coartada,mascaras de payaso, bufonescas siluetas acomodaticias y serviles, el puñalesperando a ser clavado en la espalda, de quien en verdad resiste al predador.
Y sin embargo aquí estoy, caminando, como antes, desdesiempre, queriendo llegar a donde el sol, con la rabia anudada en la garganta yuna luz en la frente que habrá de iluminar en la oscuridad, del abismo quequizá nos espere, al final del camino que se desmorona, durante esta largamarcha hacia la nada.
Ojala no me noten, ojala no me vean, pero ojala nos escuche.. . alguien, allá en el horizonte.
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Published in: on agosto 9, 2011 at 8:17 pm  Comentarios desactivados en La marcha  
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