Aquellos días…

Eran días de angustias existenciales, de combates internos metafísico-finiseculares matizados de autosuficiencia épico-caricaturesca, tiempos de soñar despiertos, sobretodo en clase, de embarrarte cualquier porquería que te dijeran, en la cara, para combatir la seborrea, de experimentar con la mata de la cabeza, el primer tatuaje, el aro en la oreja, el gallo, la jaina, el punk.


Hay que reventar al mundo decía el Sam, todo esto apesta, aunque, sin especificar que era esto, lo apestoso pues, a fin de cuentas algo, lo que fuera, había que reventar, aunque fuera los granos de la cara, por lo menos.

El caso es, que la vida era nuestra, no había antes ni después, Nietzsche, Marx, Bakunin, Jim Morrison, Sid Vicious y Tin Tan eran nuestros contemporáneos, pero al mismo tiempo eran historia, el Dadá no lo habíamos inventado nosotros por mera ironía del destino, éramos geniales, eso sí, menos en la casa, en donde la jefa te hacia barrer o trapear o lo que era peor, te mandaba a las tortillas, ni con los compas del barrio, o los de la secun, esos eran un hatajo de mensos que se creían muy fregones, sin serlo, claro, no como nosotros, que no lo decíamos pero si lo éramos, por supuesto, aparte de eso, a nosotros, nada pues, podría sucedernos a menos que fuera morir, morir sí, pero cubiertos de gloria, en cuyo funeral se leerían enormes panegíricos evocando nuestras proezas, las cuales eran, ninguna.

Éramos poetas malditos de hule, los genios mas lúgubres e iluminados que el mundo jamás vería, éramos tan resistentes y flexibles como la misma roca de la que estábamos hechos, éramos las ligas de la resortera que por querer matar al ave, revientan de podridas para venir a romperte el hocico de pura vengativa justicia divina, que en todo está, eso, eso éramos, y ¿aun lo somos? Yo creo que sí, pero más discretos, a solas pues, y en lo oscurito, aunque el estilo para la escoba, ese, ese nunca lo perdimos, pero eso si, a las tortillas, nunca más.
Eduardo Lemus
3.Ago.2010
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Published in: on agosto 3, 2010 at 12:53 am  Comentarios desactivados en Aquellos días…  
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Cuando en la noche (el gallo cantaba)

Llegaba la noche como cada día.
A la orilla del caserío, sentados, compartiendo visiones de un futuro, que claramente no esperábamos, ninguno.
Y aunque de noche, el gallo cantaba, rolaba, la pequeña luz de su mirada nos alumbraba por instantes intermitentes, luciérnaga ebria en la oscuridad.
Y ahí, en la penumbra, viendo florecer poco a poco, el enorme jardín de luces de la ciudad que parecía ser otra, con promesa de mañana, el cansancio de la jornada soñaba y evadía su realidad.
“Antes de las guerras podían regresar”, Eskorbuto a la palabra, “volver a sus casas volver a empezar”, gritaba, y con Eskorbuto nosotros, pero en silencio, imaginando que la vida podía cambiar con la mera actitud, y creíamos sin creer, que nuestra presencia era, como una llamada de atención, una voz de alarma que podía hacer pensar y detectar el error, y así seguíamos, callados, con la convicción de que así callados, era como gritar, y el hartazgo se marcharía, “una vida nueva, todo quedo atrás, una vida nueva, todo quedo atrás”, y el ruido también callaba. “Lalalarara, lara,laralara”.
Los ojos achicando el horizonte, preferían mirar adentro, de cada quien, de cada uno, la realidad que vivíamos no podía ser siempre así, solo había que esperar el momento oportuno, la puerta abierta para entrar, solo era cuestión de estar alerta, no podía ser siempre así.
Pero la noche crecía, y con ella la soledad y el silencio también, pero nosotros éramos irreductibles, y el frio nocturno y el silencio de soledad no nos podrían vencer.
Pero en la noche seguimos.
Aun hoy.
Ya nunca más vimos amanecer.
Y esperamos, sin esperar.

Eduardo Lemus

17-Jul-2010

Flotando en el vacío

Published in: on julio 17, 2010 at 5:32 pm  Comentarios desactivados en Cuando en la noche (el gallo cantaba)  
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